CONFLICTO EN EL CAYO

Acaso a estas horas, por lo que dice la prensa del Norte, y se lee en El Yara, se ha agriado el conflicto que en población como Key West, creada por los cubanos leales a la independencia de Cuba, y mantenida por el cubano a quien echó de su patria la persecución y la miseria, ha de producir el favor inmoral con que un grupo de norteamericanos, beneficiarios de la prosperidad cubana, pretende, so color de legalidad, traer de Cuba a mano violenta, y contra la voluntad de sus propios constituyentes, una suma de obreros españoles, innecesarios en un mercado de trabajo siempre repleto de obreros, y cuya importación es de evidente imprudencia e ingratitud, en un pueblo levantado puño a puño, de la mísera arena que era, por el esfuerzo de los mantenedores de la independencia cubana. Nadie disputará el derecho de cualesquiera hombres, españoles o de cualquier otro país, a desembarcar libremente en suelo norteamericano; pero cuando, so capa de defensa de la imparcialidad de los Estados Unidos, se intenta importar contra sus leyes una suma de obreros advenedizos que priven de trabajo a los obreros arraigados en la localidad, el derecho violado no es el del advenedizo a quien se va a buscar fuera del país, sino el de la localidad en que se importa una suma de obreros que no pueden hallar empleo sin desalojar a los residentes y fundadores del lugar.

Los mismos españoles justos, que han de ver con dolor al cubano incapacitado de trabajar en su propia tierra, condenarán, aunque pudiera beneficiarlos, la conducta de los que perturban a los cubanos en el asilo que se han creado con su esfuerzo, y cuya individualidad defienden con tanto tesón, no por cerrar al español la puerta que no le cerrarán en la república, sino porque es hoy el símbolo y el baluarte de la independencia
patria. ¡A eso tal vez es a lo que se ataca! ¡Acaso se ha tenido el golpe dispuesto, para descargarlo a su hora! ¡Con el pretexto de la inmunidad en el suelo del Norte, se ha aturdido a los norteamericanos ignorantes o rencorosos, por la ira con que los espíritus frustrados y mezquinos ven la prosperidad ajena, o por el veneno de la preocupación contra nuestra raza! ¡Acaso, véanlo bien los cubanos, lo que se ha querido es perturbar el Cayo, provocar en él una huelga larga e insensata, reducirlo a miseria, en los instantes en que Cuba, fiada en él como en todos sus hijos emigrados, parece pronta a echarse a campaña! Eso puede ser. Eso es acaso. ¿Y entrarán los cubanos del Cayo en el juego inicuo a que los convida el gobierno español? Libren la batalla necesaria; pero de modo que todos no se queden en ella pobres a la vez,—de modo que no triunfe España. Eso es. Las cosas hay que verlas en sus causas y objeto, no en la superficie.

Y de los norteamericanos cómplices del atentado, si en verdad los hubiese, nada, por no caer en amargura, querríamos decir. ¡Ah, cubanos! el extranjero que nos debe su pan, nos quita el pan de la boca. Eso es el extranjero. ¡Alcémonos de una vez, antes de que nos quiten el techo y la mesa; y con los últimos frutos de la ciudad que le dimos al extraño,
comprémonos, cubanos, la patria libre!

JOSÉ MARTÍ