LA PATRIA ES MARTÍ

(De El Yara)

Nuestra época tiene dos fases. Es de formación y es de batalla. Para la libertad se reclutan cubanos. Se forman filas. Se trabaja y el sudor se convierte en cápsulas. No es ya la palabra dúctil, como olorosa cascada de mirtos y rosas, la que aplausos conquista en la tribuna. No es lo sonoro, sino lo viril, lo que conmueve: hay una palabra que electriza a las muchedumbres, porque ella es un símbolo: ¡machete!

Esta juventud cubana que para vivir con más decoro dejó la casa cómoda con su umbral de flores, donde primero vio el sol, por una roca estrecha y árida, pero libre: esta juventud que no se adorna de diamantes, sino de ideas; que el tiempo que unos gastan en peinarse conchitas esta lo emplea en el manejo de un Winchester: esta juventud que en vez de heliotropo huele a pólvora, y que de los bailes prefiere hacerlos a caballo sobre los cuadros españoles: esta juventud que en presencia de la América va generosa a abonar la tierra con su sangre, marcha en correcta formación, lleva las cartucheras colgadas y el fusil mejor: tiene su guía, su jefe, su maestro: José Martí.

Él va adelante, infatigable, engrandecido a cada obstáculo, arrollando los peligros con el pecho de hierro en que se asiló la última fe de los hombres. Habló él y su palabra levantó ejércitos. Se arroja él a pasar el Rubicón y los hombres de cicatrices y los que tienen savia nueva le siguen. Amamos a Martí como a la bandera de seda que bordó una virgen. Cuando él nos habla sentimos que el suelo de la patria se estremece, y salen entre las grietas los mártires cubanos, sangrando aún como legión invencible, transfigurada por el heroísmo, que nos llama con estridente clarín a ocupar nuestro puesto entre la humareda y el sublime fragor de las batallas.

En el camino del Capitolio Martí nos ha puesto. Estábamos dispersos y nos agrupó. Moríamos de desaliento y nos dio vida. Como un himno es su obra. Con él hemos de triunfar, o juntos caeremos, con la libertad, en la roca de Tarpeya. Pero no hemos de caer. Hemos subido al Aventino con un pueblo a cuestas, y vamos a lanzarlo a conquistar su república. Sobre los débiles de espíritu pasen los fuertes.

Se oye esta palabra: ¡machete!

Nos guía esta grandeza: ¡Martí!

E. Loinaz del Castillo.

Patria, Nueva York, 4 de febrero de 1895, no. 147, p. 2.