DOÑA LEONOR PÉREZ CABRERA (1828-1907)

—“Mi madre tiene grandezas, y se las estimo, y la amo

V. lo sabe—hondamente, pero no me perdona mi salvaje independencia,

mi brusca inflexibilidad, ni mis opiniones sobre Cuba.

Lo que tengo de mejor es lo que es juzgado por más malo.i

Me aflige, pero no tuerce mi camino”.ii

José Martí

i “Doña Leonor Pérez no era solamente la madre de un Héroe, sino además la madre de un Santo, un Sabio y un Mártir. Su azoramiento, cuando lo tuvo en vida, fue el de una mujer del pueblo, de una pobre mujer a la que nació un hijo que en la pubertad comenzó a hablar en un idioma desconocido, a cantar canciones enigmáticas y a echar alas y brillos hasta que lo perdió de vista en el espacio, en un relámpago. ¿Qué podemos exigirle que supiera, si todavía no podemos nosotros mensurar la magnitud del prodigio? Lo más sensato que se ha dicho de Martí es el deslumbramiento insensato: era un águila, era un león, era el océano, era un meteoro, era un faro. ¿Qué podían comprender la madre y las hermanas del que dijo señalando a las gentes que sufren sin esperanza: esta es mi madre, estos son mis hermanos? ¿Qué más podía ella saber sino que era su hijo y lo perdió?” (Ezequiel Martínez Estrada: Martí revolucionario, prólogo de Roberto Fernández Retamar, La Habana, Casa de las Américas, 1967, t. I, p. 40). Decía Cintio Vitier que este “pasaje de la semblanza de la madre […] está escrit[o] con emoción arrasadora, dentro de una sobriedad magistral. […] En el fondo es un poema en prosa, de gran espontaneidad, justicia, madurez y pureza, donde se levantan palabras memorables, de sustancia poética, de las más hermosas y penetrantes que recordamos haber leído sobre la madre de Martí; palabras que merecen la gratitud de todos los cubanos”. (“El Martí de Martínez Estrada”, Anuario Martiano, La Habana, Sala Martí de la Biblioteca Nacional, 1969, no. 1, p. 336).

ii JM: “Carta a Manuel Mercado”, Guatemala, 30 de marzo [de 1878], OCEC, t. 5, p. 288.